El comienzo de clases puede ser una experiencia que provoque gran estrés a todos los miembros de la familia porque altera la rutina y el equilibrio de todos por igual. Generalmente se piensa que los padres cargan el peso de la ansiedad porque viven ajorados y llenos de responsabilidades. Los adultos erróneamente piensan que los niños no sufren de estrés viviendo en su mundo de juegos. Pero estudios del desarrollo humano demuestran que los niños desde las primeras etapas sienten ansiedad por diversas razones, a veces imperceptibles para el adulto.
El estrés en la niñez puede ser provocado por cualquier situación que provoque cambios en la rutina o en el ambiente donde el niño se desenvuelve. Comenzar en un cuido nuevo o el regreso a la escuela, aunque se considere una experiencia positiva o actividad ya conocida, demanda cambios en rutinas que pueden resultar en factores excesivamente estresantes para el niño.
En pequeñas cantidades, el estrés es bueno, ya que puede motivar y ayudar a la persona a estar alerta y ser más productivos. Sin embargo, el exceso de estrés puede interferir con la vida, las actividades y el bienestar del niño y toda su familia. El estrés puede afectar la forma como todos los miembros de la familia involucrados perciben, sienten, piensan y actúan. Incluso las situaciones que exigen cambios pequeños pueden tener un impacto enorme en los sentimientos de seguridad y confianza del niño. Es importante considerar que los niños aprenden a responder al estrés por lo que han observado y experimentado en el pasado a través de los adultos con los que conviven. Es necesario recalcar que los padres deben reconocerse como los modelos de sus hijos; asà cómo ellos manejen ésta y otras experiencias dependerá en gran medida la forma en que sus niños lo afronten e imiten.
Los padres pueden sospechar que un niño tiene estrés excesivo si éste comienza a mostrar sÃntomas como:
• Disminución del apetito y otros cambios en hábitos alimentarios
• Tristeza continua, indiferencia o aislamiento
• Mojar la cama u orinarse encima
• Pesadillas u otras y alteraciones en el sueño
• Tartamudeo u otros problemas de lenguaje o comunicación
• Molestia estomacal o dolor de cabeza
• Miedos, preocupaciones o ansiedad frecuente
• Incapacidad de relajarse
• Apego obsesivo al adulto, incapaz de perderlo de vista
• Irritabilidad, rabietas o llanto sin aparente razón
• Comportamiento agresivo o excesivamente terco
• Regresión a comportamientos tÃpicos de etapas anteriores del desarrollo
• Renuencia a participar en actividades familiares o escolares
Es importante además que los padres reconozcan los sÃntomas de estrés entendiendo las diferencias entre los niños y las niñas.
Es importante además que se de participación al niño o niña en el proceso de planificar los cambios hasta donde su madurez y entendimiento lo permita. Se recomienda estimular a los niños para que hablen de sus emociones y ayudarlos a plantear formas simples de cambiar la situación estresante o su respuesta a dicha situación. También es recomendable que previo a que se comience en un ambiente nuevo que el niño conozca la cuidadora o maestra que lo tendrá a su cargo y que pueda explorar y conocer las facilidades en que se desenvolverá con antelación. Eso le dará mayor confianza y reducirá el miedo a lo desconocido y la ansiedad de separación .
Sugerencias:
• Déje sobre la seguridad del hogar y del cariño continuo y confiable de los seres
queridos aunque no estén presentes.
• Pase ratos tranquilos y relajados con el niño.
• Aliente al niño a hacer preguntas y expresar sus inquietudes, preocupaciones y
miedos.
• Escuche al niño sin criticarlo.
• Fortalezca los sentimientos de autoestima del niño y utilice estimulación y afecto,
tratando de involucrarlo en situaciones en las que pueda tener éxito.
• Facilite oportunidades al niño de hacer elecciones y de tener algún control sobre su
vida. Las investigaciones demuestran que cuanto más sienten las personas que tienen
control sobre una situación, mejor será su respuesta al estrés.
• Estimule la actividad fÃsica y la participación en actividades recreativas y deportivas
con pares.
• Mantenga al niño informado de cambios necesarios y anticipados
• Enséñele a quererse y a respetarse a sà mismo y a los demás.
• Fomente que comparta con personas que lo acepten y estimulen.
• Busque ayuda o asesorÃa profesional cuando los signos de estrés no disminuyan ni
desaparezcan normalmente.



